Luego de la independencia de Colombia, y cuando siendo parte del Gran Estado de Cundinamarca, nace una estrategia para desarrollar el país, ampliando la frontera agrícola de la mano de la inversión extranjera, Viotá y la provincia del Tequendama se convierten en uno de los sitios estratégicos de notable importancia por su cercanía a Bogotá, variedad de pisos térmicos, riqueza hídrica y cercanía al río Grande de la Magdalena. A mediados del SXIX, en estos predios, George Washington Crane, ciudadano norteamericano proveniente de Boston, inicio una de las primeras plantaciones de café de Colombia pensadas para satisfacer la creciente demanda del café a nivel internacional.

La producción, que hasta esta época no gozaba de gran tecnificación, dio un vuelco notable hacia su industrialización, accediendo a lo más avanzado de la maquinaria y la técnica de la época. Se importa maquinaria proveniente de Escocia en el Reino Unido, y se adopta la producción de cafés Arábigos bajo sombrío buscando lograr cafés aromáticos y suaves con los cuales satisfacer los paladares exigentes de los mercados de destino. Por la hacienda pasaron personajes ilustres como el héroe liberal de la Guerra de Los Mil Días Rafaél Uribe Uribe, quien buscando refugio de su persecución política en el Departamento de Antioquia, lo consigue como administrador de la hacienda durante la última década del SXIX. Su discurso por la reivindicación de los derechos de los trabajadores se sembró en tierras fértiles, en el corazón del modelo de la gran Hacienda y con el inicio de la Guerra, Viotá completa se convertiría en uno de los lugares decisivos en donde en delante se librarían fieras batallas en las luchas campesinas. Los primeros años del SXX inician entre el desarrollo acelerado y el crecimiento inusitado del intercambio internacional y el descontento generalizado heredado de los tiempos de la guerra. El ferrocarril y la navegación fluvial por el Magdalena propician el crecimiento de la industria cafetera en Cundinamarca; no obstante, los desacuerdos con los peones y trabajadores, se convierten en un lastre para los intereses de los financistas, que empiezan a ver con buenos ojos los fenómenos sociales y económicos que presentan nuevas oportunidades para el capital en la colonización del Viejo Caldas en occidente. El nacimiento de esta nueva región cafetera bajo un modelo de producción minifundista en donde los costos de producción son asumidos completamente por el colono y la ganancia generada en la transformación y exportación del grano está disponible, se convierte en el principal impulsor de la desindustrialización de las haciendas de las montañas del oriente colombiano, con el consecuente estancamiento del modelo de la gran Hacienda en Cundinamarca. Viotá sobrevive entre el conflicto y un ambiente cada vez más desfavorable para las grandes instalaciones de café, las cuales exigen grandes áreas productivas e importantes cantidades de mano de obra para la recolección de café. La Antigua Hacienda Ceylán, sobrevivió a todo estos ciclos de la vida de Colombia: el desarrollo de la frontera agrícola, el establecimiento del modelo de exportación colombiano en el marco de la pre-industrialización, la guerra, las luchas campesinas, el comunismo y durante más de medio siglo, el conflicto armado con las guerrillas. Hoy se respiran aires de paz, lo que le permite a la Hacienda Ceylán contar su historia, que es la historia misma de Colombia.